Mis ‘datos básicos’ son tan básicos como vacíos: Agustina Casal, argentina, 23 años, sagitario, estudio y trabajo, clase media, soltera. Creo que hablar sobre mí es tan aburrido como hipócrita. Para empezar, odio las etiquetas o, mejor dicho, los estereotipos sólo me gustan para no cumplirlos. Para aclarar quién soy, o pretendo ser, mejor voy a explicar por qué elijo hacer todo lo que hago.
Soy fuerte, torpe, atea, sensible, sincera, morbosa, autocrítica, responsable, vaga, determinante, arriesgada. No me gustan los modelos puros o ideales, pero me reconozco idealista. No creo en ninguna religión, pero sí en la astrología. Considero que la educación es la respuesta para casi todos los problemas sociales. Creo en la terapia pero no en la psicología. Creo que la fidelidad es más amplia que la monogamia. Creo en el destino aunque no en el azar. Odio la rutina, los esquemas y la costumbre, prefiero la espontaneidad y la sorpresa. Me gusta saber qué voy a hacer pero no cómo, y sobre eso, improviso.
Siempre preferí calidad sobre cantidad. Por eso establecí pocos vínculos aunque muy profundos. Mis amigas, seis que heredé del colegio, son de fierro y están igual de locas que yo. Mi atípica familia-tipo es lo más. Mis viejos, ambos profesionales, están casados hace casi 30 años y todavía se aman y respetan como muy pocas parejas. El combo-Ingalls lo completa mi hermano mayor, ingeniero y deportista, un buen tipo. Además, tengo una cuñada, dos tíos y cinco primos varones. Y paro de contar.
Sobre lo que disfruto hacer, supongo que soy bastante simple aunque no básica. Mi único fin: ser feliz. Medios: todos por los que pueda expresarme y conectarme con la naturaleza. Me gustan los deportes –todos-, viajar, la vida al aire libre, el verano, reírme, la buena música, la literatura, el chocolate, el mate, bailar, dormir, conocer gente, escribir, y la lluvia.
En cuanto a mis actividades, curso el quinto año de abogacía en la Uba. La carrera me apasiona y la elegí porque creo en la justicia. Me corrijo, creía. Me frustré cuando me di cuenta que acá 'justicia' es casi mala-palabra y yo no estoy dispuesta a aceptar las reglas del juego de este corrupto sistema. Por eso me animé a probar y hacer de la que considero mi vocación, contar historias, una profesión. Y me anoté en periodismo. Lo que más disfruto de leer y escribir es la libertad que me da comunicarme a través del lenguaje.
Mi número preferido es el dos, y no por casualidad, de hecho, más confío en la causalidad. Un poco porque me cuesta elegir y otro tanto porque considero que es la mejor cifra para encontrar el equilibrio, sin ser mediocre. Mi vida siempre estuvo marcada por la dualidad, supongo que por eso disfruto tanto compartir.
Si bien hay muchas cosas que me dan lo mismo, en tantas otras mi punto de vista es muy definido. En mi afán de no caer en excesos, termino por ser contradictoria. Amo los desafíos. Si por vergüenza o miedo me reprimo de hacer algo, automáticamente tengo que hacerlo.
Constantemente busco mi autodeterminación, independencia y libertad. Sin embargo, a veces muero en el intento.
Soy fuerte, torpe, atea, sensible, sincera, morbosa, autocrítica, responsable, vaga, determinante, arriesgada. No me gustan los modelos puros o ideales, pero me reconozco idealista. No creo en ninguna religión, pero sí en la astrología. Considero que la educación es la respuesta para casi todos los problemas sociales. Creo en la terapia pero no en la psicología. Creo que la fidelidad es más amplia que la monogamia. Creo en el destino aunque no en el azar. Odio la rutina, los esquemas y la costumbre, prefiero la espontaneidad y la sorpresa. Me gusta saber qué voy a hacer pero no cómo, y sobre eso, improviso.
Siempre preferí calidad sobre cantidad. Por eso establecí pocos vínculos aunque muy profundos. Mis amigas, seis que heredé del colegio, son de fierro y están igual de locas que yo. Mi atípica familia-tipo es lo más. Mis viejos, ambos profesionales, están casados hace casi 30 años y todavía se aman y respetan como muy pocas parejas. El combo-Ingalls lo completa mi hermano mayor, ingeniero y deportista, un buen tipo. Además, tengo una cuñada, dos tíos y cinco primos varones. Y paro de contar.
Sobre lo que disfruto hacer, supongo que soy bastante simple aunque no básica. Mi único fin: ser feliz. Medios: todos por los que pueda expresarme y conectarme con la naturaleza. Me gustan los deportes –todos-, viajar, la vida al aire libre, el verano, reírme, la buena música, la literatura, el chocolate, el mate, bailar, dormir, conocer gente, escribir, y la lluvia.
En cuanto a mis actividades, curso el quinto año de abogacía en la Uba. La carrera me apasiona y la elegí porque creo en la justicia. Me corrijo, creía. Me frustré cuando me di cuenta que acá 'justicia' es casi mala-palabra y yo no estoy dispuesta a aceptar las reglas del juego de este corrupto sistema. Por eso me animé a probar y hacer de la que considero mi vocación, contar historias, una profesión. Y me anoté en periodismo. Lo que más disfruto de leer y escribir es la libertad que me da comunicarme a través del lenguaje.
Mi número preferido es el dos, y no por casualidad, de hecho, más confío en la causalidad. Un poco porque me cuesta elegir y otro tanto porque considero que es la mejor cifra para encontrar el equilibrio, sin ser mediocre. Mi vida siempre estuvo marcada por la dualidad, supongo que por eso disfruto tanto compartir.
Si bien hay muchas cosas que me dan lo mismo, en tantas otras mi punto de vista es muy definido. En mi afán de no caer en excesos, termino por ser contradictoria. Amo los desafíos. Si por vergüenza o miedo me reprimo de hacer algo, automáticamente tengo que hacerlo.
Constantemente busco mi autodeterminación, independencia y libertad. Sin embargo, a veces muero en el intento.