jueves, 3 de febrero de 2011

PERFECTO IMPERFECTO

Vos allá , yo acá, y seis meses en el medio.
Nuestra ilusión compartida, partida por un océano.

Dos países diferentes, en dos continentes parientes.
Dos personas que sienten, igual desamor hasta los huesos.

Desencanto del desencuentro por caminos bifuracados.
Unidad destruída y las alas rotas de un sentimiento abandonado.

Felicidad contradictoria, se confundió entre la ambigua sonrisa por las coincidencias,
y las lágrimas por una despedida temprana obligada.

El cuento de contenido incierto, que tiene principio confuso y final abierto,
cuenta sobre el acuerdo y desacuerdo de un amor abstracto, imperfecto.

Preguntas y respuestas se confunden en acertijos.
Y en el labertino de las sensaciones descuidamos el recorrido
para andar a la deriva, casi perdidos.

Inútil ironía que nos cruzó para luego perdernos en el tiempo.
Para desparramarnos en la historia de la memoria sin recuerdos.

Sin rumbo pero sin prisa, nos dimos libertad a rienda suelta.
El tiempo nos ganó de mano y sin buscarlo, acertamos.

Y el destino, cruel enemigo, eligió por nosotros.
Pero en su afán de separarnos, en lugar, fortaleció dos almas complementarias.

Y, si para recorrer el suelo que nos separa hay que contar los kilometros de a millones,
tanto igual se necesita para medir las emociones.

La situación nos sobrepasó.
El tiempo y el espacio remataron por ser más condicionantes.
Pero estos límites siempre estuvieron más que claros,
aunque solamente para ser ignorados.

Tengo miedo de arriesgar más de la cuenta y perder hasta lo que ya no tengo.
Tengo terror de necesitarte cuando no estés y ni siquiera encontrarte adentro.

Sé que te niego constantemente y busco alejarte a cualquier precio.
Pero una fuerza irresistible me obliga a obviar los topes
para buscarte, encontrarte, quererte, extrañarte.

Y, a pesar de todo, te elijo.
Pero no solo a vos, hoy, ahora, en este preciso instante,
sino que de igual forma me prefiero a mí en esta circunstancia.

Quiero materializar este sentimiento y cristalizar nuestro encuentro.
Guardarlo y conservarlo durante el tiempo necesario para recordarte así,
como el perfecto imperfecto,
sin fecha de vencimiento.

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